lunes, 13 de agosto de 2012

La Barcelona de la Cultura y de la Juerga



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Harold Goodwin, especialista en turismo responsable

Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet

"Barcelona tiene que elegir: cultura o juerga"

13/08/2012 - 00:00
Foto: Jordi Play
VÍCTOR-M. AMELA
Progreso solidario
Progreso solidario Es director del Centro Internacional para el Turismo Responsable, concepto del que fue pionero hace ya una docena de años. Aterriza en Barcelona para participar en unas jornadas sobre turismo para el desarrollo (organizadas por la Obra Social de La Caixa y en colaboración con xarxaturismeresponsable.wordpress.com): fomentan un tipo de turismo solidario que contribuya al progreso y el bienestar de las sociedades de países en vías de desarrollo. Aprovechamos para pasear por la Rambla y reflexionar sobre la gestión de nuestro turismo, acerca de la que Goodwin manifiesta bastantes recelos. Lo cierto es que el fenómeno del turismo ha cambiado la faz del mundo y seguirá haciéndolo.
Ha viajado usted mucho?
Durante años guié a grupos de turistas en diversos países. Vi lo bastante para entender lo dañina que puede ser una actividad turística mal gestionada.

¿Dañina para quién?
Para la vida cotidiana de una localidad.

Póngame un ejemplo.
Pregúntese si el turismo que recibe Barcelona está al servicio de la ciudad... o si es la ciudad la que está al servicio del turismo.

¿Cómo lo ve usted?
Sólo los residentes pueden responder la pregunta. Su sensación es lo único que cuenta.

Mucho barcelonés siente lo segundo...
Significa que los barceloneses permiten que sus autoridades gestionen mal la actividad turística: no sería un turismo responsable.

¿Cómo es el turismo responsable?
Contribuye a mejorar el patrimonio cultural de la ciudad, la calidad de sus espacios y la vida cotidiana de sus residentes.

Deme un ejemplo.
Barcelona organiza un maratón en el que corren residentes, visitantes, turistas... integrados en igualdad: ¡turismo responsable!

¿Y las masas de turistas rambleando?
Alteran el ecosistema original de esa zona.

¡Pero dejan dinero en los comercios!
Lo que se gana por un lado puede estar perdiéndose por otro. Y no dejan tanto...

¿Ah, no?
Yo he paseado, he disfrutado de artistas callejeros... sin soltar un céntimo. Una caña y una tapa. Lo lamento por los barceloneses.

¿Por qué?
Supongo que se sienten tan excluidos de la Rambla como yo de Trafalgar Square, ya colonizado por turistas. ¡Son zonas entregadas en sacrificio al dios del turismo!

¿Cómo se nos ve por ahí afuera?
"Me encanta Barcelona..., ¡pero vigila que no te roben o te timen en la Rambla!"

Pinta usted muy mal panorama...
Aún pueden vivirse experiencias auténticas en zonas de esta ciudad. Pero es frágil...

¿Qué cantidad de turistas es dañina?
No es la cantidad, es cómo se comportan. Pueden dañar sólo una parte de la ciudad.

Cite algún otro ejemplo.
Recuerdo haber visitado el reloj de Praga con un grupo de cincuenta personas. Ahora se agolpan tres mil: es otra experiencia...

¿Qué debería hacer Barcelona para fomentar el turismo responsable?
Apostar por su patrimonio arquitectónico y cultural. Son los políticos los que pueden promover que la ciudad tenga una identidad fuerte y vengan turistas que favorezcan esa imagen. ¡O cultura o juerga!

¿Y por qué no ambas cosas a la vez?
Es muy difícil sumarlas, demasiado confuso. Hay que elegir. O engrandeces tu patrimonio cultural o tus salas de fiestas.

¿Aplicaría una tasa turística?
Sólo si se reinvierte en mejorar las condiciones de vida de los residentes y el patrimonio cultural de la ciudad. Si se destina a promover la actividad turística... ¡mal!

¿Y qué opina de los cruceros?
Cinco mil personas encerradas en un barco dando tumbos no alteran la vida de nadie, y además hoy reciclan muy bien sus residuos. Está bien... hasta que invaden una ciudad.

¿Y de un safari en África?
Convierte al lugareño en figurante de sesión fotográfica. No es turismo responsable.

¿Cómo lo hacen otras capitales?
Se reinventan para ser destinos de calidad. Es algo que sus habitantes eligen.

¿Cuántos turistas hay en el mundo?
Al año, 1.600 millones de personas cruzan fronteras por placer. Y el turismo interior.

¿Puede el turismo destruir un país?
Puede modificar su estilo de vida: con la llegada del ferry, una villa de pescadores como Ramsgate creció hasta ser una villa comercial. Luego llegó el ferrocarril y pasó a ser segunda residencia de londinenses. Y luego llegaron los aviones, se fueron a España de vacaciones y reciben estudiantes de idiomas: ¡hoy es un centro cultural!

¿Turismo responsable y sostenible son lo mismo?
Que sea sostenible es sólo un aspecto del turismo responsable. Será sostenible si el beneficio que procura supera el daño que ocasiona. Hay en Alemania un grupo de turoperadores que organizan viajes en avión a distancias superiores a 2.000 kilómetros sólo si los viajeros se comprometen a permanecer más de una semana en destino.

¿Por qué?
Para minimizar la contaminación del combustible de los aviones.

¿Y qué pasará con el turismo si se termina el petróleo?
Variará el turismo, pero no desaparecerá.

¿Desde cuándo hay turistas?
Desde mediados del siglo XIX, cuando se inventó el ferrocarril.

¿Qué opina del turismo de deporte de aventura?
Puede ser muy, muy intrusivo. ¡Ah, y el ecoturismo puede dañar espacios naturales!

¿Nunca ve usted el lado bueno?
Me cuesta.

Deme un modelo que imitar, por favor.
Copenhague no lo ha hecho nada mal. Ha integrado bien a los autóctonos y a los visitantes. Y también Ciudad del Cabo.

¿Y Cancún?
Es el tributo que pagamos para poder proporcionar vacaciones a las masas.

¿Cuál es su ideal de vacaciones?
Una casita de campo en Yorkshire y pasear.


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jueves, 3 de mayo de 2012

Barcelona de Las Tertulias


Barcelona ha sido, ya desde el siglo XIX, ciudad de tertulias. Los amantes -y practicantes- de las letras siempre han tenido tendencia a encontrarse, para hablar no sólo de literatura sino de cualquier otra cuestión que merezca su interés, ya sea el cine o el fútbol. En los últimos años, la actividad de las tertulias no ha decaído y la pasión por el intercambio de pareceres literarios se ha visto además incrementada por la proliferación de los clubes de lectura. Los amantes de las letras se citan, como antaño, en los bares, pero ahora lo hacen también en las bibliotecas y en los foros y blogs de internet Portada del suplemento Cutlura|s del miércoles 2 de mayo de 2012 EL INVIERNO DEL DIBUJANTE Las imágenes de estas páginas dedicadas a las tertulias pertenecen a la obra 'El invierno del dibujante', de Paco Roca (Valencia, 1969). En este premiado cómic (entre otros, premio al mejor guión y mejor obra española del Salón del Cómic de Barcelona), publicado por editorial Astiberri, Roca recrea la vida de los dibujantes de historietas en los años de la España franquista y, entre otros muchos detalles, se puede ver las habituales reuniones de los autores en algún bar, una costumbre común, entonces y ahora, de dibujantes y escritores Son las cinco y cuarto de una tarde de viernes y Juan Gallardo, alias Curtis Garland, alias Donald Curtis, alias Frank Logan, entre otros alias repartidos en las portadas de dos mil novelas, dice que mañana es la misa por el cuarto aniversario de la muerte de su esposa y que, por tanto, pronto hará cuatro años que existe esta tertulia. Estamos en el Bar Leonés del Paral·lel, en Barcelona. Hace poco que se reúnen aquí: la sede tradicional era El Rincón del Artista, pero tras una discusión con los camareros decidieron no volver. En la mesa se encuentran el editor Gabriel Bravo, el bloguero Juan Carlos Alquézar y los escritores Javier Pérez Andújar, Robert Juan-Cantavella y Juan Gallardo, quien preside la tertulia. Dos invitados acuden hoy por primera vez: el cineasta Francesc Bellmunt y el ensayista Xavier Theros, que han venido a enseñarles escenas de un documental en que trabajan sobre la Sexta Flota en Barcelona y a hablar de aquella época. La de una ciudad desaparecida, que se hundió junto con una mitología popular de cabarets, actores secundarios, poetas malditos y bolsilibros. Curtis Garland nos enseña su última novela, La máscara y la muerte. "Siempre nos trae libros nuevos -me cuenta Robert-, este es la continuación de Las oscuras nostalgias, protagonizada por el mismo detective, donde aparece en portada una foto de Tere, porque a ella le encantaba esa novela, pero no la vio publicada en vida". En el desaparecido café Delicias, de la Rambla, Moratín instauró a principios del siglo XIX una tertulia literaria que duró lo que sus estancias en la Ciudad Condal. Andersen escribió en la segunda mitad del siglo sobre las conversaciones de la comunidad diplomática en la chocolatería de la Ópera, cercana a su Hotel Oriente. Las tertulias y recitales de Els Quatre Gats contaron con interlocutores como Isidre Nonell, Ramon Casas o Pablo Picasso. La Penya dels Vells del Ateneu Barcelonés estaba formada por figuras del peso de Domènech i Montaner o Àngel Guimerà; la Penya Gran por otras como Santiago Rusiñol, Josep Maria de Sagarra, Carles Riba, Joan Crexells o Josep Pla. Y en su Jardín Romántico los autores locales se encontraron con Unamuno, Baroja, Lorca o Dalí. No hay más que dejarse llevar por la sonoridad de los nombres de algunos extintos bares y cafés barceloneses para recorrer la República y el franquismo: La Luna, El Oro del Rhin, el Navarro, el Términus. En algunos de ellos animó tertulias literarias José María Gironella, que le hace decir a un personaje de Los cipreses no creen en Dios: "Soy un hombre de tertulias". También José María Carandell fue alma máter de muchas en aquellos años turbulentos, como me recuerda Pedro Zarraluki: "¡Ah!, sería imperdonable no hablar de las que montaba Carandell, yo iba de joven, teníamos que ir cambiando de café, porque cuando nos localizaban los fachas amenazaban con poner una bomba; allí conocí a Marsé, a José Agustín Goytisolo, a un montón de grandes escritores; y luego, después de hablar mucho de literatura, acabábamos tomando copas en Bocaccio". La década de los setenta está atravesada por esa fricción entre escritura y política. Los encuentros en el Velòdrom de Josep Miquel Servià, Vicenç Altaió, Rosa Novell y Miquel de Palol, entre otros, estuvieron marcados tanto por los libros como por el nacionalismo y la ideología. Y por el alcohol, el combustible junto con el café de las tertulias literarias: "A finales de los setenta, y como resultado de un desorden de borrachos, la tertulia se trasladó al Bauma, y entró en un periodo letárgico y acabó teniendo una muerte natural", recuerda Palol. En los años ochenta y noventa, el bar del cine Astoria acogió a Cristina Fernández Cubas, Carlos Trías, Enrique Vila-Matas y Vladimir Herrera, quienes contaron con invitados de excepción, como José Bianco, editor de la revista Sur y amigo de Borges. Y, como recuerda Javier Cercas en El vientre de la ballena, en aquellos años Alberto Blecua invitaba a sus alumnos a asistir a las reuniones del Oxford. Esa es la historia oficial. O al menos parte de una historia oficial posible. Porque es imposible trazar el mapa completo de las tertulias barcelonesas. Había otros encuentros de carácter artístico, menos conocidos, muchos de ellos protagonizados por mujeres, que tenían lugar en casas privadas. Particularmente importantes, en los años veinte, son los patrocinados por Carme Karr o Narcisa Freixas, frecuentados por Francesca Bonnemaison, que fueron espacios de introducción del feminismo en Catalunya. En el prólogo a Pombo, el libro en el que la editorial Visor reunió en 1999 todos los textos que Gómez de la Serna dedicó al célebre café madrileño, Andrés Trapiello lo deja claro: las tertulias "eran cosa de hombres, por lo mismo que los salones eran cosa de mujeres (por esas mismas fechas funcionaba la de la Pardo Bazán, la de Colombine o la de dos o tres aristócratas literatas), a las que no se veía del todo bien que entraran en según qué cafés y a qué horas". También las redacciones de las revistas, desde la de L'Avenç en la Ronda Universitat a finales del siglo XIX, hasta la de Lateral en el paseo Sant Joan durante nuestro propio cambio de siglo, pasando por las de Destino o Ajoblanco, fueron sedes permanentes de tertulias literarias. De hecho, aunque a veces se constituyan como tales, la mayoría son informales, tienen lugar en cualquier sitio donde se dé cita un grupo de lectores. No hace falta que sea el Bar Glaciar o Casa Leopoldo. Puede ser, sin ir más lejos, el Bar Leonés. Las tertulias siguen dos vías de composición: la reafirmación de la amistad y la generación de nuevas amistades. Junto al congelador de los helados se suceden los cafés, las aguas, las cañas, algún carajillo, una copa de vino rosado. Empezaron a reunirse "para hablar sobre actores y cine, porque Alquézar es un erudito en la materia, no tienes más que leer su blog Lady Filstrup -me cuenta Pérez Andújar, que viene siempre andando desde el Clot, poco más de una hora de caminata-, y Gallardo, que fue guionista, los conocía a todos". El hecho que dos libros suyos, La noche de América agonizante y Yo, Curtis Garland, fueran publicados por Bravo en su editorial Morsa; y que Robert lo entrevistara para Quimera y lo invitara a escribir un capítulo de Asesino Cósmico, una novela que homenajea la literatura popular española de los años 50, 60 y 70, completó el círculo. Francisco Caudet, alias Frank Caudett, ha sido en varias ocasiones el invitado estrella, pero cada vez le cuesta más acudir desde l'Hospitalet, por problemas de salud. Juan Gallardo tiene ochenta y dos años, una gorra donde se lee "Madrid" y una sonrisa en plano fijo: "Casi todos los de la vieja Bruguera han muerto, como Escobar, el creador de Carpanta y de Zipi y Zape, que además tuvo alzheimer y olvidó toda aquella época". La editorial impedía de todos los modos posibles que los autores se conocieran entre ellos, para evitar que se organizaran en contra de sus abusos en materia de sueldo y de derechos de autor, de modo que "no teníamos tertulia, por supuesto". Pero eso no significa que, con los años, no formaran su propia comunidad del anillo: Francisco González Ledesma, alias Silver Kane, Antonio Vera, alias Lou Carrigan, Luis García Lecha, alias Clark Carrados, y Caudet y Gallardo. Quien mejor ha retratado aquella época ha sido Paco Roca en su cómic El invierno del dibujante. Pero se centra en el mundo de los tebeos y no en su universo paralelo: el de las novelas de bolsillo. Para explorar esa dimensión desconocida hay que acudir a Sonrisa de nieve, el blog que el guionista barcelonés Raule le ha dedicado al abuelo materno que no llegó a conocer: Manuel Arsís Solbes, alias M. de Silva. El blog es sobre todo una pequeña enciclopedia de cultura popular, una biografía fragmentaria y un álbum de fotos de familia y de portadas escaneadas; pero también actúa como una tertulia: con comentarios de protagonistas y de lectores y con invitados. Uno de los post documenta la visita de Rafael Barberán y de Àngels Gimeno, alias Ralph Barby, a Las Comidas Frikis, la tertulia que lidera Raule en el restaurante Eucaliptus del Raval barcelonés. El encuentro nació a principios del 2000, cuando el dibujante Roger Ibáñez, el guionista Albert García y Raúl Anisa, alias Raule, se reunieron en "un Bocatta de la calle Santa Anna, para ver qué podíamos hacer con nuestras ideas y con nuestros esbozos, pero se fue corriendo la voz y fuimos creciendo, llegaron también músicos y estudiantes de letras, pero sobre todo éramos gente del mundo del cómic". Después se trasladaron a otros lugares, como el Viena, el Sitges o el Petit Xaica. Llevan ya tres años en el Eucaliptus, donde se congregan entre otros Josep Maria Martín Saurí, "un mito viviente, un prodigio, sobre todo conocido por sus dibujos de Odiseo", Jordi Ojeda, gran divulgador del cómic español y profesor de la UPC, y muchos de los autores de las historias que se reunieron en Barcelona, un volumen colectivo que publicó Norma el año pasado, fruto de la tertulia y símbolo de su pintoresco espíritu: "Catalanes, gallegos, muchos italianos, Las Comidas Frikis se han convertido en un punto de encuentro de referencia, hay invitados y habituales con quienes después coincidimos en festivales españoles y europeos, incluso hemos tenido descendencia: las Comicomidas de Madrid son hijas de las nuestras". El coleccionismo siempre se ha entreverado con la conversación erudita sobre los tesoros conseguidos. Por eso tal vez sean dos los núcleos alrededor de los cuales más tertulias han proliferado en las últimas décadas: el Mercat de Sant Antoni y la librería Gilgamesh (en cuyas inmediaciones de Arc de Triomf fueron apareciendo, por el efecto llamada, otras tiendas de cómic y coleccionismo). En este polo hace ya cuatro años que desapareció la tertulia del Bar Mariona, que se fue convirtiendo, bajo la dirección de Pau Martínez y Àlex Vidal, en un club de lectura de literatura fantástica de la Biblioteca Jaume Fuster, que lo aloja desde hace ya seis años. Ese movimiento, de la tertulia informal al club de lectura institucionalizado, se ha dado de forma masiva durante los últimos quince años. Signo de los tiempos. El primer club de lectura de la red de bibliotecas de Barcelona nació en la Bonnemaison en 1997. En la actualidad son setenta y cinco los clubes en marcha, en treinta y siete bibliotecas y con unos mil doscientos participantes. Hay que sumarles los de los centros cívicos, los de los centros culturales y los de los museos, hasta concebir una red de espacios de debate menos romántica que la de las tertulias de café, pero más democrática y seguramente más popular. Los datos me los proporciona Óscar Carreño, director de programas y cooperación de las Bibliotecas de Barcelona, quien añade: "Otra experiencia que está muy bien es el club internacional BCN-Medellín, un encuentro mensual entre un grupo de lectores de cada ciudad en el que comentamos libros, alternando autores de ambas orillas, lo montamos en el CCCB, a través de la Anilla Cultural y es una experiencia fascinante". La tertulia on line en tiempos de videoconferencias y talleres virtuales. No hay duda de que para miles de escritores y lectores, Facebook es la Gran Tertulia de nuestra época. Para "ser verdaderamente contemporáneo", escribió Gómez de la Serna, tenían que "vivir en el café". Uno de los modos de serlo ahora es comentar la cultura en los blogs y en las redes sociales, donde espontáneamente se configuran comunidades con un núcleo de habituales y una periferia de ocasionales, que no tienen por qué vivir en la misma ciudad para mantener conversaciones. Y además pueden hacerlo a diario. Qué digo: hora a hora. Minuto a minuto. La tertulia como contraseña La deslocalización de la tertulia, no obstante, también puede dar como resultado encuentros en carne y hueso. Es el caso de la Orden de Finnegans, cuyos miembros (Vila-Matas, Eduardo Lago, Jordi Soler, José Antonio Garriga Vela, Malcolm Otero Barral y Marcos Giralt Torrente), con mayoría barcelonesa pero dispersos por varios puntos geográficos, se citan anualmente en Dublín para celebrar el Bloomsday. En La ciutat interrompuda, Julià Guillamon interpreta Historia abreviada de la literatura portátil, de Vila-Matas, como la traslación a la época de las vanguardias y a sus protagonistas de escenas y anécdotas vividas por el autor en locales emblemáticos como Bocaccio. Pocos escritores barceloneses han sido tan constantes como Vila-Matas en la asistencia a conversaciones de café. Desde octubre del año pasado, acude semanalmente al bar Sandor, para reunirse con Juan Marsé, Valentí Puig, Joan de Sagarra, Javier Coma y John William Wilkinson. "Es una tertulia muy cerrada -me comenta-, hablamos de política, cine y literatura, por este orden, con mucho humor, y en literatura no se discute a Dickens, pero tampoco a Kafka, que a fin de cuentas leía a Dickens, pero los demás escritores no son invulnerables, ninguno se salva de alguna pulla". Otro rasgo propio de las tertulias literarias es su indefinición. Casi nunca son exclusivamente literarias. ¿Encuentro de amigos? ¿Reunión de cómplices? ¿Grupos de estudio? ¿Conversaciones sin más? Según Pablo Raphael, "el Cheers fue una tertulia que caminó de la formalidad hacia la informalidad, de los invitados más o menos formales, como Juan Villoro, a los jueves de fútbol". Nació con la organización del Festival Fet a Mèxic y se instauró en medio de la semana de sus habituales como una isla. Forman o formaron parte de ella, con las idas y venidas propias de las raíces mexicanas, entre otros, Roberto Frías, Emiliano Monge, Fernanda Álvarez, Edson Lechuga, David Colmenares y Paz Balmaceda. Frías recuerda que "el concepto mismo de la tertulia parece algo que los mexicanos no terminábamos de experimentar sin haberlo ensayado en España misma, quiero decir, habiendo crecido en México con el referente, gracias a nuestras familias, las familias de otros amigos, o la cultura mexicana misma de la segunda mitad del siglo XX, donde la tertulia instaurada por los exiliados españoles marcó con fuerza el renacimiento de esa actividad". Ese microcosmos aparece retratado en el cuento La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco, de Max Aub. Son legión los escritores mexicanos que crecieron con la imagen de aquellos exiliados, muchos de ellos maestros, reuniéndose en los cafés para hablar de los libros que se oponían a la dictadura. En verdad la tertulia del Cheers -cuyo nombre es un homenaje a la teleserie- se reúne en un bar llamado Mr. Brown. Las tertulias son máscaras. Y contraseñas. La fábrica del lenguaje S.A., de Raphael, está dedicado al Cheers. Y la dedicatoria del libro de artículos póstumo de Juan José Saer, Trabajos, reza: "Al clan Putget". También en varias tesis doctorales se encuentran esas mismas palabras. "A finales del 2005, después de la publicación de mi libro El lago de los botes, el primero que publicaba en Barcelona -me cuenta Edgardo Dobry-, tuve la sensación de que algo pasaba, y de algún modo quise prolongar ese entusiasmo y generar un espacio de encuentro donde gente con afinidad intelectual y personal pudiera encontrarse". El espacio fue doméstico, entre amigos y vecinos. La consigna, que alguien enviara por e-mail proyectos en marcha para que se hubieran leído el día de la reunión. El núcleo fue argentino y estuvo compuesto por Nora Catelli, su marido, el psicoanalista Jorge Belinsky, y el propio Dobry. Pasaron por las tertulias, entre otros, Marietta Gargatagli, Alberto Caturla, Ana Basualdo o Lluís Maria Todó. "Lo interesante del grupo era su transversalidad a todo: edades muy distintas, nacionalidades diversas, disciplinas también distintas, duró, creo, un par de años, porque no quisimos institucionalizarlo". Antoni Martí Monterde, en Poética del Café, habla de tres estructuras posibles del café como institución, desde los años sesenta hasta ahora: formas epilogales, en las que se impone la melancolía por encima de la nostalgia, que continúan con ciertos hábitos modernos que supuestamente la posmodernidad habría descartado, como sería el encuentro físico; formas epigonales, estas sí nostálgicas, representadas por los simulacros de cafés y por las franquicias temáticas; y formas atópicas, cuyo máximo representante sería el Claudio Magris de Microcosmos, donde se demuestra un compromiso ético con las obras que surgieron de las mesas de ciertos cafés de Trieste, cuyo legado tiene que ser defendido. Después, escribe: "La búsqueda de locales donde, sencillamente, a pesar de las estructuras actuales, sea concebible la lectura y la escritura, pasa a ser así algo más que un gesto. Esa conciencia es, radicalmente, conciencia de presente". Sigo en el Bar Leonés. He perdido la cuenta de las rondas y de las veces que ha sido mencionada Tere. Bellmunt nos ha mostrado imágenes de su documental en el i-Phone. Pérez Andújar ha hablado sobre su último libro, Paseos con mi madre. Me pregunto si volverá a casa caminando o en autobús. La primera novela policial de Gallardo fue La muerte elige. Nos cuenta que está en racha con las quinielas, que lleva varias semanas ganando, que si acumula suficiente dinero quiere publicar otro librito en Morsa y financiarlo él en esta ocasión. El recuerdo de su difunta esposa envuelve la tertulia como papel plástico de burbujas, como si estos encuentros fueran equipaje frágil que viaja amenazado, a trancas y barrancas, hacia el futuro. Esos hombres, junto al congelador de los helados, son puro presente. No se me ocurre en este momento nada más contemporáneo.

domingo, 19 de febrero de 2012

La Moritz 26 años después

Existen marcas de gran éxito: Coca-Cola, Nestlé…Otras funcionan -mejor o peor- pero perviven. Y unas terceras mueren. Pero el caso de las triunfadoras que desaparecen y luego resucitan es raro. Moritz es una. Fue la cerveza más vendida en Catalunya, pero cerró sus puertas en 1978 y fue olvidada hasta que, de repente, reapareció en el 2004. Y ahora acaba de abrir un nuevo complejo hostelero que aspira a ser emblemático, Fábrica Mortiz, en la ronda de San Antoni, en uno de sus históricos centros que ha sido rediseñado por Jean Nouvel, el arquitecto de la torre Agbar.

BRINDIS 3 Albert Castellón (centro), el arquitecto Jean Nouvel y el chef Jordi Vila (derecha) en la inauguración de Fábrica Moritz, en noviembre. ARCHIVO / DANNY CAMINAL Edición Impresa Versión en .PDF Información publicada en la página 44 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 19 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
¿Por qué murió y por qué resurge Moritz, la cervecera creada por un alsaciano que en 1851, a los 21 años, vino a Barcelona y en 1856 empezó a producir en el Raval? Una anécdota de su director general, Albert Castellón (38 años), lo ilustra. En el 2002 era un ejecutivo de la división hostelera de Unilever en Bilbao. Fue contactado por un cazatalentos que, cosa rara, no era Luis Conde. Una nueva marca de alimentación buscaba alguien de su perfil. Castellón fue a la cita con los Roehrick (los tataranietos de Louis Moritz) y salió algo confundido. El proyecto era sugestivo pero Moritz le sonaba a chino y reflotar una cervecera familiar en un sector dominado por las multinacionales… Por la noche llamó a su padre por un asunto familiar y le comentó:

-Estoy perplejo. Me ofrecen un trabajo en Barcelona. Es atractivo pero la empresa cerró. Puede ser una aventura nostálgica.

-Hijo, de la nostalgia no se vive.

-Tienes razón. Es una antigua cervecera… se llamaba Moritz.

-¡La Moritz! Buenísima. ¿La van a volver a hacer? Piénsatelo, seguro que es interesante.

Y Albert Castellón fichó. Moritz es hoy propiedad de los descendientes del fundador (los tataranietos y sus hijos), la familia Roehrick, muy discreta y que no está en el día a día pero que quiere reivindicar le obra -y los resultados- de su antecesor.

Cuando Louis Moritz llegó a Barcelona la ciudad crecía gracias a la industrialización y a que las fábricas necesitaban mano de obra. Se generaba riqueza. El Liceu se había inau-

gurado cuatro años antes, se quemó en 1861 y fue reconstruido en menos de un año. En este entorno, Moritz empezó su actividad y creció. En 1864 dejó el Raval y montó una nueva fábrica en la calle de Casanova, 2, junto a Sepúlveda. Unos años más tarde (1888) Barcelona celebraba su Exposición Universal y Moritz era ya la gran cervecera catalana en dura competición con Damm, fundada también por otro inmigrante alsaciano que llegó a Barcelona poco después.

Los hijos de Louis Moritz siguieron el negocio. En 1923 introdujeron la cerveza negra en Catalunya y ya antes la cervecería Moritz (Muntaner-Sepúlveda) se convirtió en un local emblemático, donde el Barça tuvo su sede social y en 1910 Juan Gamper -otro europeo venido a la ciudad- fue elegido presidente del club por segunda vez.

Moritz, como otras empresas, triunfó autoalimentada por el crecimiento de la ciudad y en los años 30 logró récords de producción y ventas. Tenía el 34% del mercado catalán. Llegó la guerra civil, la expropiación y, más tarde, un lento resurgir pues el nivel de ventas no se recuperó hasta 1947. Durante los 50 y los 60 Moritz vivió años de expansión porque el consumo iba subiendo. Y el crecimiento es tan fuerte que compró terrenos en El Prat porque Casanova (hoy viviendas) era insuficiente. Pero la idea se abandona tras las inundaciones del 62 y las expropiaciones para canalizar el río Llobregat.

Por eso en 1966 Moritz se fusiona con la cervecera belga Lamot, que había montado una gran planta en Parets, y crean Cervezas Barcelona. Moritz tiene mayoría pero acabará vendiendo su participación a Banca Catalana en el 75. ¿Qué ocurrió? La Lamot llegó a Barcelona de la mano de Josep Andreu Abelló, que fue presidente del Tribunal de Casació de Catalunya, se exiló tras la guerra (era de ERC y luego fue fundador del PSC-Congrés) y regresó a Barcelona con un capital hecho como director en Tánger de un banco francés. Y el socio financiero de Lamot -Andreu era consejero- fue Banca Catalana. Las cosas fueron bien porque el mercado crecía con el desarrollo y el turismo, pero la Lamot acabó marchando. Su producto no tenía acogida y hubo fricciones con la banca. Luego vino la crisis del 73, la bajada del consumo y los Roehrick vendieron. En 1978, antes de la crisis de Banca Catalana, la empresa Cervezas de Barcelona cerró.

Subasta de liquidación

Los Roehrick fueron a la subasta de liquidación. Querían poseer la marca para resucitarla. Y lo hicieron 26 años después. En el 2004 Moritz vuelve a fabricar cerveza con el objetivo de colocarla en una escogida gama media-alta. Tras un acuerdo con Vichy Catalán la producción se hace con agua del Montseny y con lúpulo de Chequia en la planta de La Zaragozana, una firma aragonesa que data de 1922 y que también es propiedad de la familia. En el 2007 sacan al mercado el Agua de Moritz, cerveza premium sin alcohol que representa un 10% de sus ventas, y en el 2009 recuperan la tostada Epidor, con un grado superior de alcohol (7,2%), que empezó a producir en 1923.

El año pasado Moritz facturó 37 millones con un ligero aumento pese a la crisis generalizada. Tiene una cuota del 5% del mercado catalán y no entra en el español pero exporta con éxito a 17 países, uniendo su marca a la moda Barcelona. Moritz, aparte de sus inversiones materiales, apuesta fuerte por la comunicación y el diseño, que es de América Sánchez.

Y confía en el boca a boca. En el 2009 recuperó el histórico bar Velódromo (Diagonal-Londres) que ha convertido en una brasserie y a finales del pasado año abrió el multiespacio Fábrica Moritz en la ronda de San Antoni con una fuerte inversión para recuperar antiguas instalaciones. Cuida la gastronomía, encargada al chef Santi Vila (una estrella Michelin), y abre de seis de la mañana a tres de la madrugada.

Es una apuesta a seguir. Resucitar una marca no es fácil y además pretender reimplantar una cerveza tradicional desaparecida con capacidad expansiva -que vaya mas allá de la pequeña fabricación artesanal- en un mercado dominado por las multinacionales.

jueves, 16 de febrero de 2012

Pere Fontanals i Cabré

LA PLACA DEL INGENIO (John William Wilkinson)
El menor de ocho hermanos, Pere Fontanals i Cabré se trasladó de Cambrils a Barcelona en 1878, donde, pobre y sin estudios, se vio obligado a aceptar los trabajos más humillantes a fin de reunir el dinero que le permitiera embarcarse para La Habana. Aunque nunca se ha esclarecido el origen del capital que entregó a cambio de convertirse en el dueño de un ingenio de azúcar en Cuba, sí se sabe cómo amasó una fortuna: con el sudor de la frente de los esclavos.

Al regresar a Barcelona en 1896, su estado civil seguía siendo el de soltero. Invirtió en la importación de algodón egipcio y se casó con Rosa Raurich i Pons, la bella hija de un próspero fabricante de pomadas de nula eficacia curativa. Rosa dio a luz dos hijos: Enric y Julia. Al morir su padre en 1915, Enric, que todavía era muy joven, abandonó Derecho en el segundo curso y compró una vieja fábrica textil. Unos lucrativos contractos con el Ejército alemán durante la Gran Guerra le permitieron cuadruplicar la fortuna indiana heredada.

En 1919, Enric contrajo matrimonio con Matilde de Ramos, hija única de un marqués venido a menos. Tuvieron tres hijos: Miguel, Mercedes y Alberto. Pese a que los negocios de Enric hacían agua por todas partes, la familia se mudó en 1929 a una casa en Pedralbes, donde vivieron rodeados de fastuosos lujos y sirvientes mal pagados. Huyeron a Italia en el 36.

El ahora llamado Enrique Fontanals se fue a Burgos y luchó con los nacionales hasta el final de la contienda. Días antes de que su familia regresara a Barcelona, Miguel, el mayor, se ahogó en la costa toscana. Aunque todo daba el efecto de estar imperceptiblemente cambiado en la casa de Pedralbes, poco a poco fueron recuperando las viejas costumbres. Mercedes se casó con un apuesto héroe de guerra, que no era más que un cantamañanas alcoholizado. Alberto, el benjamín, terminó Derecho, pero lo único que le interesaba era correrse juergas. Las discusiones con su padre eran monumentales; la ruinosa venta de la casa por poco provocó la ruptura definitiva entre los dos.

Después de la muerte de Matilde, Enrique sobrevivió a base de malvender las fincas rústicas que quedaban de los Ramos; y Alberto, con ínfulas de marqués y sed de dote, se casó con la rica aunque nada agradecida Mimí López Arquer. Pedrito, el único fruto del matrimonio, nació en 1949.

El abuelo López costeaba los estudios de Pedrito en los Jesuitas hasta que, a principios de los años sesenta, su empresa quebró; de modo que el niño tuvo que terminar el bachillerato en los Escolapios de Balmes. Pedrito, harto de la lastimosa vagancia de su padre, vendió las monedas de oro que le había dejado el abuelo Enrique al morir y se incorporó a una comuna en La Floresta. Luego, reciclado en un hippy que se hacía llamar Pere, pasó largas temporadas en Ibiza y Goa. Regresó a Barcelona al enterarse de la muerte de sus padres. Del imperio de los Fontanals sólo quedaba una caja fuerte, de la que nadie sabía la combinación. La abrió un caco. Únicamente contenía una placa de cobre en la que se leía: Pedro Fontanals-Cienfuegos.

John William Wilkinson
La Vanguardia, 18 de marzo de 2004

martes, 7 de febrero de 2012

Barcelona ciudad de paso para Autores famosos

Conoced los vínculos de la ciudad con autores como Pablo Neruda o Gabriel García Márquez a través de unos itinerarios que os llevarán por el Gótico, el Port Vell y el Born.
Mar, 01/03/2011 - 10:28

A lo largo del siglo XX, autores como Pablo Neruda, Rubén Darío, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, entre otros, dejaron su huella en nuestra ciudad.

Fue en Barcelona donde apareció la última obra de Neruda, la autobiografía Confieso que he vivido. Rubén Darío se instaló en la capital catalana el año 1914, donde dio a la imprenta su última obra poética de importancia, Canto a la Argentina y otros poemas. Después de una temporada en París, el 1969 Gabriel García Márquez también fijó en Barcelona su residencia. Fue aquí donde se relacionó con intelectuales como Carlos Barral y Mario Vargas Llosa. Su estancia en la capital catalana fue decisiva para la concreción de lo que se conoció como 'boom' de la literatura hispanoamericana.

Estos nombres son sólo una muestra de los muchos escritores de todo el mundo que ha acogido Barcelona. Probablemente, han sido los literatos latinoamericanos los que han establecido relaciones más profundas con la ciudad y con su gente.

Por este motivo, el sábado 5 de marzo se inicia Trànsits. Escritores latinoamericanos en Barcelona, un itinerario por el barrio Gótico, el Port Vell y el Born en homenaje a los autores de América Latina que han estado vinculados a nuestra ciudad y, sobre todo, a los frutos literarios que continúan dando.

Hasta el 4 de junio (con la excepción del 23 de abril), cada sábado por la mañana se llevará a cabo esta ruta dramatizada por la ciudad con explicaciones de Marc Iglesias y las intervenciones de los actores Andrei Kozinets, Paula Monteiro y Joan Rodríguez, y de los músicos Pablo Giménez y Gaddafi Núñez.

El punto de encuentro es la Biblioteca Gòtic-Andreu Nin a las 10h. No os olvidéis el carné de bibliotecas para poder hacer este itinerario.

Trànsits. Escritores latinoamericanos en Barcelona se ha organizado con motivo de la conmemoración del centenario de Casa América Cataluña, entidad nacida en Barcelona un 2 de abril de ahora hace 100 años

Ausiàs March cor d'acer, de carn i fusta 1

lunes, 30 de enero de 2012

El quijote entra a Barcelona

Tres días y tres noches estuvo don Quijote con Roque, y si estuvieratrecientos años, no le faltara qué mirar y admirar en el modo de su vida:aquí amanecían, acullá comían; unas veces huían, sin saber de quién, yotras esperaban, sin saber a quién. Dormían en pie, interrompiendo elsueño, mudándose de un lugar a otro. Todo era poner espías, escucharcentinelas, soplar las cuerdas de los arcabuces, aunque traían pocos,porque todos se servían de pedreñales. Roque pasaba las noches apartado delos suyos, en partes y lugares donde ellos no pudiesen saber dónde estaba;porque los muchos bandos que el visorrey de Barcelona había echado sobre suvida le traían inquieto y temeroso, y no se osaba fiar de ninguno, temiendoque los mismos suyos, o le habían de matar, o entregar a la justicia: vida,por cierto, miserable y enfadosa.

En fin, por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas, partieronRoque, don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona. Llegarona su playa la víspera de San Juan en la noche, y, abrazando Roque a donQuijote y a Sancho, a quien dio los diez escudos prometidos, que hastaentonces no se los había dado, los dejó, con mil ofrecimientos que de launa a la otra parte se hicieron.

Volvióse Roque; quedóse don Quijote esperando el día, así, a caballo, comoestaba, y no tardó mucho cuando comenzó a descubrirse por los balcones delOriente la faz de la blanca aurora, alegrando las yerbas y las flores, enlugar de alegrar el oído; aunque al mesmo instante alegraron también eloído el son de muchas chirimías y atabales, ruido de cascabeles, ''¡trapa,trapa, aparta, aparta!'' de corredores, que, al parecer, de la ciudadsalían. Dio lugar la aurora al sol, que, un rostro mayor que el de unarodela, por el más bajo horizonte, poco a poco, se iba levantando.

Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar,hasta entonces dellos no visto; parecióles espaciosísimo y largo, harto másque las lagunas de Ruidera, que en la Mancha habían visto; vieron lasgaleras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, sedescubrieron llenas de flámulas y gallardetes, que tremolaban al viento ybesaban y barrían el agua; dentro sonaban clarines, trompetas y chirimías,que cerca y lejos llenaban el aire de suaves y belicosos acentos.Comenzaron a moverse y a hacer modo de escaramuza por las sosegadas aguas,correspondiéndoles casi al mismo modo infinitos caballeros que de la ciudadsobre hermosos caballos y con vistosas libreas salían. Los soldados de lasgaleras disparaban infinita artillería, a quien respondían los que estabanen las murallas y fuertes de la ciudad, y la artillería gruesa conespantoso estruendo rompía los vientos, a quien respondían los cañones decrujía de las galeras. El mar alegre, la tierra jocunda, el aire claro,sólo tal vez turbio del humo de la artillería, parece que iba infundiendo yengendrando gusto súbito en todas las gentes.

No podía imaginar Sancho cómo pudiesen tener tantos pies aquellos bultosque por el mar se movían. En esto, llegaron corriendo, con grita, lililíesy algazara, los de las libreas adonde don Quijote suspenso y atónitoestaba, y uno dellos, que era el avisado de Roque, dijo en alta voz a donQuijote:

-Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo, el farol, la estrella y elnorte de toda la caballería andante, donde más largamente se contiene. Biensea venido, digo, el valeroso don Quijote de la Mancha: no el falso, no elficticio, no el apócrifo que en falsas historias estos días nos hanmostrado, sino el verdadero, el legal y el fiel que nos describió CideHamete Benengeli, flor de los historiadores.

No respondió don Quijote palabra, ni los caballeros esperaron a que larespondiese, sino, volviéndose y revolviéndose con los demás que losseguían, comenzaron a hacer un revuelto caracol al derredor de don Quijote;el cual, volviéndose a Sancho, dijo:

-Éstos bien nos han conocido: yo apostaré que han leído nuestra historia yaun la del aragonés recién impresa.

Volvió otra vez el caballero que habló a don Quijote, y díjole:

-Vuesa merced, señor don Quijote, se venga con nosotros, que todos somossus servidores y grandes amigos de Roque Guinart.

A lo que don Quijote respondió:

-Si cortesías engendran cortesías, la vuestra, señor caballero, es hija oparienta muy cercana de las del gran Roque. Llevadme do quisiéredes, que yono tendré otra voluntad que la vuestra, y más si la queréis ocupar envuestro servicio.

Con palabras no menos comedidas que éstas le respondió el caballero, y,encerrándole todos en medio, al son de las chirimías y de los atabales, seencaminaron con él a la ciudad, al entrar de la cual, el malo, que todo lomalo ordena, y los muchachos, que son más malos que el malo, dos dellostraviesos y atrevidos se entraron por toda la gente, y, alzando el uno dela cola del rucio y el otro la de Rocinante, les pusieron y encajaronsendos manojos de aliagas. Sintieron los pobres animales las nuevasespuelas, y, apretando las colas, aumentaron su disgusto, de manera que,dando mil corcovos, dieron con sus dueños en tierra. Don Quijote, corrido yafrentado, acudió a quitar el plumaje de la cola de su matalote, y Sancho,el de su rucio. Quisieran los que guiaban a don Quijote castigar elatrevimiento de los muchachos, y no fue posible, porque se encerraron entremás de otros mil que los seguían.

Volvieron a subir don Quijote y Sancho; con el mismo aplauso y músicallegaron a la casa de su guía, que era grande y principal, en fin, como decaballero rico; donde le dejaremos por agora, porque así lo quiere CideHamete.

El Quijote Viaja a Barcelona

Era fresca la mañana, y daba muestras de serlo asimesmo el día en que don Quijote salió de la venta, informándose primero cuál era el más derecho camino para ir a Barcelona sin tocar en Zaragoza: tal era el deseo quetenía de sacar mentiroso aquel nuevo historiador que tanto decían que levituperaba.

Sucedió, pues, que en más de seis días no le sucedió cosa digna de ponerseen escritura, al cabo de los cuales, yendo fuera de camino, le tomó lanoche entre unas espesas encinas o alcornoques; que en esto no guarda lapuntualidad Cide Hamete que en otras cosas suele.

Apeáronse de sus bestias amo y mozo, y, acomodándose a los troncos de losárboles, Sancho, que había merendado aquel día, se dejó entrar de rondónpor las puertas del sueño; pero don Quijote, a quien desvelaban susimaginaciones mucho más que la hambre, no podía pegar sus ojos; antes iba yvenía con el pensamiento por mil géneros de lugares. Ya le parecía hallarseen la cueva de Montesinos; ya ver brincar y subir sobre su pollina a laconvertida en labradora Dulcinea; ya que le sonaban en los oídos laspalabras del sabio Merlín que le referían las condiciones y diligencias quese habían de hacer y tener en el desencanto de Dulcinea. Desesperábase dever la flojedad y caridad poca de Sancho su escudero, pues, a lo que creía,solos cinco azotes se había dado, número desigual y pequeño para losinfinitos que le faltaban; y desto recibió tanta pesadumbre y enojo, quehizo este discurso:

-Si nudo gordiano cortó el Magno Alejandro, diciendo: ''Tanto monta cortarcomo desatar'', y no por eso dejó de ser universal señor de toda la Asia,ni más ni menos podría suceder ahora en el desencanto de Dulcinea, si yoazotase a Sancho a pesar suyo; que si la condición deste remedio está enque Sancho reciba los tres mil y tantos azotes, ¿qué se me da a mí que selos dé él, o que se los dé otro, pues la sustancia está en que él losreciba, lleguen por do llegaren?

Con esta imaginación se llegó a Sancho, habiendo primero tomado las riendasde Rocinante, y acomodádolas en modo que pudiese azotarle con ellas,comenzóle a quitar las cintas, que es opinión que no tenía más que ladelantera, en que se sustentaban los greguescos; pero, apenas hubo llegado,cuando Sancho despertó en todo su acuerdo, y dijo:

-¿Qué es esto? ¿Quién me toca y desencinta?

-Yo soy -respondió don Quijote-, que vengo a suplir tus faltas y a remediarmis trabajos: véngote a azotar, Sancho, y a descargar, en parte, la deuda aque te obligaste. Dulcinea perece; tú vives en descuido; yo muero deseando;y así, desatácate por tu voluntad, que la mía es de darte en esta soledad,por lo menos, dos mil azotes.

-Eso no -dijo Sancho-; vuesa merced se esté quedo; si no, por Diosverdadero que nos han de oír los sordos. Los azotes a que yo me obligué hande ser voluntarios, y no por fuerza, y ahora no tengo gana de azotarme;basta que doy a vuesa merced mi palabra de vapularme y mosquearme cuando envoluntad me viniere.

-No hay dejarlo a tu cortesía, Sancho -dijo don Quijote-, porque eres durode corazón, y, aunque villano, blando de carnes.

Y así, procuraba y pugnaba por desenlazarle. Viendo lo cual Sancho Panza,se puso en pie, y, arremetiendo a su amo, se abrazó con él a brazo partido,y, echándole una zancadilla, dio con él en el suelo boca arriba; púsolela rodilla derecha sobre el pecho, y con las manos le tenía las manos, demodo que ni le dejaba rodear ni alentar. Don Quijote le decía:

-¿Cómo, traidor? ¿Contra tu amo y señor natural te desmandas? ¿Con quien teda su pan te atreves?

-Ni quito rey, ni pongo rey -respondió Sancho-, sino ayúdome a mí, que soymi señor. Vuesa merced me prometa que se estará quedo, y no tratará deazotarme por agora, que yo le dejaré libre y desembarazado; donde no,

Aquí morirás, traidor,

enemigo de doña Sancha.

Prometióselo don Quijote, y juró por vida de sus pensamientos no tocarle enel pelo de la ropa, y que dejaría en toda su voluntad y albedrío elazotarse cuando quisiese.

Levantóse Sancho, y desvióse de aquel lugar un buen espacio; y, yendo aarrimarse a otro árbol, sintió que le tocaban en la cabeza, y, alzando lasmanos, topó con dos pies de persona, con zapatos y calzas. Tembló de miedo;acudió a otro árbol, y sucedióle lo mesmo. Dio voces llamando a don Quijoteque le favoreciese. Hízolo así don Quijote, y, preguntándole qué le habíasucedido y de qué tenía miedo, le respondió Sancho que todos aquellosárboles estaban llenos de pies y de piernas humanas. Tentólos don Quijote,y cayó luego en la cuenta de lo que podía ser, y díjole a Sancho:

-No tienes de qué tener miedo, porque estos pies y piernas que tientas y novees, sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árbolesestán ahorcados; que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando loscoge, de veinte en veinte y de treinta en treinta; por donde me doy aentender que debo de estar cerca de Barcelona.

Y así era la verdad como él lo había imaginado.

Al parecer alzaron los ojos, y vieron los racimos de aquellos árboles, queeran cuerpos de bandoleros. Ya, en esto, amanecía, y si los muertos loshabían espantado, no menos los atribularon más de cuarenta bandoleros vivosque de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana queestuviesen quedos, y se detuviesen, hasta que llegase su capitán.

Hallóse don Quijote a pie, su caballo sin freno, su lanza arrimada a unárbol, y, finalmente, sin defensa alguna; y así, tuvo por bien de cruzarlas manos e inclinar la cabeza, guardándose para mejor sazón y coyuntura.

Acudieron los bandoleros a espulgar al rucio, y a no dejarle ninguna cosade cuantas en las alforjas y la maleta traía; y avínole bien a Sancho queen una ventrera que tenía ceñida venían los escudos del duque y los quehabían sacado de su tierra, y, con todo eso, aquella buena gente leescardara y le mirara hasta lo que entre el cuero y la carne tuvieraescondido, si no llegara en aquella sazón su capitán, el cual mostró ser dehasta edad de treinta y cuatro años, robusto, más que de medianaproporción, de mirar grave y color morena. Venía sobre un poderoso caballo,vestida la acerada cota, y con cuatro pistoletes -que en aquella tierra sellaman pedreñales- a los lados. Vio que sus escuderos, que así llaman a losque andan en aquel ejercicio, iban a despojar a Sancho Panza; mandóles queno lo hiciesen, y fue luego obedecido; y así se escapó la ventrera.Admiróle ver lanza arrimada al árbol, escudo en el suelo, y a don Quijotearmado y pensativo, con la más triste y melancólica figura que pudieraformar la misma tristeza. Llegóse a él diciéndole:

-No estéis tan triste, buen hombre, porque no habéis caído en las manos dealgún cruel Osiris, sino en las de Roque Guinart, que tienen más decompasivas que de rigurosas.

-No es mi tristeza -respondió don Quijote- haber caído en tu poder, ¡ohvaleroso Roque, cuya fama no hay límites en la tierra que la encierren!,sino por haber sido tal mi descuido, que me hayan cogido tus soldados sinel freno, estando yo obligado, según la orden de la andante caballería, queprofeso, a vivir contino alerta, siendo a todas horas centinela de mímismo; porque te hago saber, ¡oh gran Roque!, que si me hallaran sobre micaballo, con mi lanza y con mi escudo, no les fuera muy fácil rendirme,porque yo soy don Quijote de la Mancha, aquel que de sus hazañas tienelleno todo el orbe.

Luego Roque Guinart conoció que la enfermedad de don Quijote tocaba más enlocura que en valentía, y, aunque algunas veces le había oído nombrar,nunca tuvo por verdad sus hechos, ni se pudo persuadir a que semejantehumor reinase en corazón de hombre; y holgóse en estremo de haberleencontrado, para tocar de cerca lo que de lejos dél había oído; y así, ledijo:

-Valeroso caballero, no os despechéis ni tengáis a siniestra fortuna éstaen que os halláis, que podía ser que en estos tropiezos vuestra torcidasuerte se enderezase; que el cielo, por estraños y nunca vistos rodeos, delos hombres no imaginados, suele levantar los caídos y enriquecer lospobres.

Ya le iba a dar las gracias don Quijote, cuando sintieron a sus espaldas unruido como de tropel de caballos, y no era sino un solo, sobre el cualvenía a toda furia un mancebo, al parecer de hasta veinte años, vestido dedamasco verde, con pasamanos de oro, greguescos y saltaembarca, consombrero terciado, a la valona, botas enceradas y justas, espuelas, daga yespada doradas, una escopeta pequeña en las manos y dos pistolas a loslados. Al ruido volvió Roque la cabeza y vio esta hermosa figura, la cual,en llegando a él, dijo:

-En tu busca venía, ¡oh valeroso Roque!, para hallar en ti, si no remedio,a lo menos alivio en mi desdicha; y, por no tenerte suspenso, porque sé queno me has conocido, quiero decirte quién soy: y soy Claudia Jerónima, hijade Simón Forte, tu singular amigo y enemigo particular de ClauquelTorrellas, que asimismo lo es tuyo, por ser uno de los de tu contrariobando; y ya sabes que este Torrellas tiene un hijo que don VicenteTorrellas se llama, o, a lo menos, se llamaba no ha dos horas. Éste, pues,por abreviar el cuento de mi desventura, te diré en breves palabras la queme ha causado. Viome, requebróme, escuchéle, enamoréme, a hurto de mipadre; porque no hay mujer, por retirada que esté y recatada que sea, aquien no le sobre tiempo para poner en ejecución y efecto sus atropelladosdeseos. Finalmente, él me prometió de ser mi esposo, y yo le di la palabrade ser suya, sin que en obras pasásemos adelante. Supe ayer que, olvidadode lo que me debía, se casaba con otra, y que esta mañana iba a desposarse,nueva que me turbó el sentido y acabó la paciencia; y, por no estar mipadre en el lugar, le tuve yo de ponerme en el traje que vees, yapresurando el paso a este caballo, alcancé a don Vicente obra de una leguade aquí; y, sin ponerme a dar quejas ni a oír disculpas, le disparé estasescopetas, y, por añadidura, estas dos pistolas; y, a lo que creo, le debíde encerrar más de dos balas en el cuerpo, abriéndole puertas por dondeenvuelta en su sangre saliese mi honra. Allí le dejo entre sus criados, queno osaron ni pudieron ponerse en su defensa. Vengo a buscarte para que mepases a Francia, donde tengo parientes con quien viva, y asimesmo a rogartedefiendas a mi padre, porque los muchos de don Vicente no se atrevan atomar en él desaforada venganza.

Roque, admirado de la gallardía, bizarría, buen talle y suceso de lahermosa Claudia, le dijo:

-Ven, señora, y vamos a ver si es muerto tu enemigo, que después veremos loque más te importare.

Don Quijote, que estaba escuchando atentamente lo que Claudia había dicho ylo que Roque Guinart respondió, dijo:

-No tiene nadie para qué tomar trabajo en defender a esta señora, que lotomo yo a mi cargo: denme mi caballo y mis armas, y espérenme aquí, que yoiré a buscar a ese caballero, y, muerto o vivo, le haré cumplir la palabraprometida a tanta belleza.

-Nadie dude de esto -dijo Sancho-, porque mi señor tiene muy buena manopara casamentero, pues no ha muchos días que hizo casar a otro que tambiénnegaba a otra doncella su palabra; y si no fuera porque los encantadoresque le persiguen le mudaron su verdadera figura en la de un lacayo, éstafuera la hora que ya la tal doncella no lo fuera.

Roque, que atendía más a pensar en el suceso de la hermosa Claudia que enlas razones de amo y mozo, no las entendió; y, mandando a sus escuderos quevolviesen a Sancho todo cuanto le habían quitado del rucio, mandándolesasimesmo que se retirasen a la parte donde aquella noche habían estadoalojados, y luego se partió con Claudia a toda priesa a buscar al herido, omuerto, don Vicente. Llegaron al lugar donde le encontró Claudia, y nohallaron en él sino recién derramada sangre; pero, tendiendo la vista portodas partes, descubrieron por un recuesto arriba alguna gente, y diéronsea entender, como era la verdad, que debía ser don Vicente, a quien suscriados, o muerto o vivo, llevaban, o para curarle, o para enterrarle;diéronse priesa a alcanzarlos, que, como iban de espacio, con facilidad lohicieron.

Hallaron a don Vicente en los brazos de sus criados, a quien con cansada ydebilitada voz rogaba que le dejasen allí morir, porque el dolor de lasheridas no consentía que más adelante pasase.

Arrojáronse de los caballos Claudia y Roque, llegáronse a él, temieron loscriados la presencia de Roque, y Claudia se turbó en ver la de don Vicente;y así, entre enternecida y rigurosa, se llegó a él, y asiéndole de lasmanos, le dijo:

-Si tú me dieras éstas, conforme a nuestro concierto, nunca tú te vieras eneste paso.

Abrió los casi cerrados ojos el herido caballero, y, conociendo a Claudia,le dijo:

-Bien veo, hermosa y engañada señora, que tú has sido la que me has muerto:pena no merecida ni debida a mis deseos, con los cuales, ni con mis obras,jamás quise ni supe ofenderte.

-Luego, ¿no es verdad -dijo Claudia- que ibas esta mañana a desposarte conLeonora, la hija del rico Balvastro?

-No, por cierto -respondió don Vicente-; mi mala fortuna te debió de llevarestas nuevas, para que, celosa, me quitases la vida, la cual, pues la dejoen tus manos y en tus brazos, tengo mi suerte por venturosa. Y, paraasegurarte desta verdad, aprieta la mano y recíbeme por esposo, siquisieres, que no tengo otra mayor satisfación que darte del agravio quepiensas que de mí has recebido.

Apretóle la mano Claudia, y apretósele a ella el corazón, de manera quesobre la sangre y pecho de don Vicente se quedó desmayada, y a él le tomóun mortal parasismo. Confuso estaba Roque, y no sabía qué hacerse.Acudieron los criados a buscar agua que echarles en los rostros, ytrujéronla, con que se los bañaron. Volvió de su desmayo Claudia, pero node su parasismo don Vicente, porque se le acabó la vida. Visto lo cual deClaudia, habiéndose enterado que ya su dulce esposo no vivía, rompió losaires con suspiros, hirió los cielos con quejas, maltrató sus cabellos,entregándolos al viento, afeó su rostro con sus propias manos, con todaslas muestras de dolor y sentimiento que de un lastimado pecho pudieranimaginarse.

-¡Oh cruel e inconsiderada mujer -decía-, con qué facilidad te moviste aponer en ejecución tan mal pensamiento! ¡Oh fuerza rabiosa de los celos, aqué desesperado fin conducís a quien os da acogida en su pecho! ¡Oh esposomío, cuya desdichada suerte, por ser prenda mía, te ha llevado del tálamo ala sepultura!

Tales y tan tristes eran las quejas de Claudia, que sacaron las lágrimas delos ojos de Roque, no acostumbrados a verterlas en ninguna ocasión.Lloraban los criados, desmayábase a cada paso Claudia, y todo aquelcircuito parecía campo de tristeza y lugar de desgracia. Finalmente, RoqueGuinart ordenó a los criados de don Vicente que llevasen su cuerpo al lugarde su padre, que estaba allí cerca, para que le diesen sepultura. Claudiadijo a Roque que querría irse a un monasterio donde era abadesa una tíasuya, en el cual pensaba acabar la vida, de otro mejor esposo y más eternoacompañada. Alabóle Roque su buen propósito, ofreciósele de acompañarlahasta donde quisiese, y de defender a su padre de los parientes y de todoel mundo, si ofenderle quisiese. No quiso su compañía Claudia, en ningunamanera, y, agradeciendo sus ofrecimientos con las mejores razones que supo,se despedió dél llorando. Los criados de don Vicente llevaron su cuerpo, yRoque se volvió a los suyos, y este fin tuvieron los amores de ClaudiaJerónima. Pero, ¿qué mucho, si tejieron la trama de su lamentable historialas fuerzas invencibles y rigurosas de los celos?

Halló Roque Guinart a sus escuderos en la parte donde les había ordenado, ya don Quijote entre ellos, sobre Rocinante, haciéndoles una plática en queles persuadía dejasen aquel modo de vivir tan peligroso, así para el almacomo para el cuerpo; pero, como los más eran gascones, gente rústica ydesbaratada, no les entraba bien la plática de don Quijote. Llegado que fueRoque, preguntó a Sancho Panza si le habían vuelto y restituido las alhajasy preseas que los suyos del rucio le habían quitado. Sancho respondió quesí, sino que le faltaban tres tocadores, que valían tres ciudades.

-¿Qué es lo que dices, hombre? -dijo uno de los presentes-, que yo lostengo, y no valen tres reales.

-Así es -dijo don Quijote-, pero estímalos mi escudero en lo que ha dicho,por habérmelos dado quien me los dio.

Mandóselos volver al punto Roque Guinart, y, mandando poner los suyos enala, mandó traer allí delante todos los vestidos, joyas, y dineros, y todoaquello que desde la última repartición habían robado; y, haciendobrevemente el tanteo, volviendo lo no repartible y reduciéndolo a dineros,lo repartió por toda su compañía, con tanta legalidad y prudencia que nopasó un punto ni defraudó nada de la justicia distributiva. Hecho esto, conlo cual todos quedaron contentos, satisfechos y pagados, dijo Roque a donQuijote:

-Si no se guardase esta puntualidad con éstos, no se podría vivir conellos.

A lo que dijo Sancho:

-Según lo que aquí he visto, es tan buena la justicia, que es necesaria quese use aun entre los mesmos ladrones.

Oyólo un escudero, y enarboló el mocho de un arcabuz, con el cual, sinduda, le abriera la cabeza a Sancho, si Roque Guinart no le diera voces quese detuviese. Pasmóse Sancho, y propuso de no descoser los labios en tantoque entre aquella gente estuviese.

Llegó, en esto, uno o algunos de aquellos escuderos que estaban puestos porcentinelas por los caminos para ver la gente que por ellos venía y daraviso a su mayor de lo que pasaba, y éste dijo:

-Señor, no lejos de aquí, por el camino que va a Barcelona, viene un grantropel de gente.

A lo que respondió Roque:

-¿Has echado de ver si son de los que nos buscan, o de los que nosotrosbuscamos?

-No, sino de los que buscamos -respondió el escudero.

-Pues salid todos -replicó Roque-, y traédmelos aquí luego, sin que se osescape ninguno.

Hiciéronlo así, y, quedándose solos don Quijote, Sancho y Roque, aguardarona ver lo que los escuderos traían; y, en este entretanto, dijo Roque a donQuijote:

-Nueva manera de vida le debe de parecer al señor don Quijote la nuestra,nuevas aventuras, nuevos sucesos, y todos peligrosos; y no me maravillo queasí le parezca, porque realmente le confieso que no hay modo de vivir másinquieto ni más sobresaltado que el nuestro. A mí me han puesto en él no séqué deseos de venganza, que tienen fuerza de turbar los más sosegadoscorazones; yo, de mi natural, soy compasivo y bien intencionado; pero, comotengo dicho, el querer vengarme de un agravio que se me hizo, así da contodas mis buenas inclinaciones en tierra, que persevero en este estado, adespecho y pesar de lo que entiendo; y, como un abismo llama a otro y unpecado a otro pecado, hanse eslabonado las venganzas de manera que no sólolas mías, pero las ajenas tomo a mi cargo; pero Dios es servido de que,aunque me veo en la mitad del laberinto de mis confusiones, no pierdo laesperanza de salir dél a puerto seguro.

Admirado quedó don Quijote de oír hablar a Roque tan buenas y concertadasrazones, porque él se pensaba que, entre los de oficios semejantes derobar, matar y saltear no podía haber alguno que tuviese buen discurso, yrespondióle:

-Señor Roque, el principio de la salud está en conocer la enfermedad y enquerer tomar el enfermo las medicinas que el médico le ordena: vuestramerced está enfermo, conoce su dolencia, y el cielo, o Dios, por mejordecir, que es nuestro médico, le aplicará medicinas que le sanen, lascuales suelen sanar poco a poco y no de repente y por milagro; y más, quelos pecadores discretos están más cerca de enmendarse que los simples; y,pues vuestra merced ha mostrado en sus razones su prudencia, no hay sinotener buen ánimo y esperar mejoría de la enfermedad de su conciencia; y sivuestra merced quiere ahorrar camino y ponerse con facilidad en el de susalvación, véngase conmigo, que yo le enseñaré a ser caballero andante,donde se pasan tantos trabajos y desventuras que, tomándolas porpenitencia, en dos paletas le pondrán en el cielo.

Rióse Roque del consejo de don Quijote, a quien, mudando plática, contó eltrágico suceso de Claudia Jerónima, de que le pesó en estremo a Sancho, queno le había parecido mal la belleza, desenvoltura y brío de la moza.

Llegaron, en esto, los escuderos de la presa, trayendo consigo doscaballeros a caballo, y dos peregrinos a pie, y un coche de mujeres conhasta seis criados, que a pie y a caballo las acompañaban, con otros dosmozos de mulas que los caballeros traían. Cogiéronlos los escuderos enmedio, guardando vencidos y vencedores gran silencio, esperando a que elgran Roque Guinart hablase, el cual preguntó a los caballeros que quiéneran y adónde iban, y qué dinero llevaban. Uno dellos le respondió:

-Señor, nosotros somos dos capitanes de infantería española; tenemosnuestras compañías en Nápoles y vamos a embarcarnos en cuatro galeras, quedicen están en Barcelona con orden de pasar a Sicilia; llevamos hastadocientos o trecientos escudos, con que, a nuestro parecer, vamos ricos ycontentos, pues la estrecheza ordinaria de los soldados no permite mayorestesoros.

Preguntó Roque a los peregrinos lo mesmo que a los capitanes; fuelerespondido que iban a embarcarse para pasar a Roma, y que entre entrambospodían llevar hasta sesenta reales. Quiso saber también quién iba en elcoche, y adónde, y el dinero que llevaban; y uno de los de a caballo dijo:

-Mi señora doña Guiomar de Quiñones, mujer del regente de la Vicaría deNápoles, con una hija pequeña, una doncella y una dueña, son las que van enel coche; acompañámosla seis criados, y los dineros son seiscientosescudos.

-De modo -dijo Roque Guinart-, que ya tenemos aquí novecientos escudos ysesenta reales; mis soldados deben de ser hasta sesenta; mírese a cómo lecabe a cada uno, porque yo soy mal contador.

Oyendo decir esto los salteadores, levantaron la voz, diciendo:

-¡Viva Roque Guinart muchos años, a pesar de los lladres que su perdiciónprocuran!

Mostraron afligirse los capitanes, entristecióse la señora regenta, y no seholgaron nada los peregrinos, viendo la confiscación de sus bienes. Túvolosasí un rato suspensos Roque, pero no quiso que pasase adelante su tristeza,que ya se podía conocer a tiro de arcabuz, y, volviéndose a los capitanes,dijo:

-Vuesas mercedes, señores capitanes, por cortesía, sean servidos deprestarme sesenta escudos, y la señora regenta ochenta, para contentaresta escuadra que me acompaña, porque el abad, de lo que canta yanta, yluego puédense ir su camino libre y desembarazadamente, con un salvocondutoque yo les daré, para que, si toparen otras de algunas escuadras mías quetengo divididas por estos contornos, no les hagan daño; que no es miintención de agraviar a soldados ni a mujer alguna, especialmente a las queson principales.

Infinitas y bien dichas fueron las razones con que los capitanesagradecieron a Roque su cortesía y liberalidad, que, por tal la tuvieron,en dejarles su mismo dinero. La señora doña Guiomar de Quiñones se quisoarrojar del coche para besar los pies y las manos del gran Roque, pero élno lo consintió en ninguna manera; antes le pidió perdón del agravio que lehacía, forzado de cumplir con las obligaciones precisas de su mal oficio.Mandó la señora regenta a un criado suyo diese luego los ochenta escudosque le habían repartido, y ya los capitanes habían desembolsado lossesenta. Iban los peregrinos a dar toda su miseria, pero Roque les dijo quese estuviesen quedos, y volviéndose a los suyos, les dijo:

-Destos escudos dos tocan a cada uno, y sobran veinte: los diez se den aestos peregrinos, y los otros diez a este buen escudero, porque pueda decirbien de esta aventura.

Y, trayéndole aderezo de escribir, de que siempre andaba proveído, Roqueles dio por escrito un salvoconduto para los mayorales de sus escuadras, y,despidiéndose dellos, los dejó ir libres, y admirados de su nobleza, de sugallarda disposición y estraño proceder, teniéndole más por un AlejandroMagno que por ladrón conocido. Uno de los escuderos dijo en su lenguagascona y catalana:

-Este nuestro capitán más es para frade que para bandolero: si de aquíadelante quisiere mostrarse liberal séalo con su hacienda y no con lanuestra.

No lo dijo tan paso el desventurado que dejase de oírlo Roque, el cual,echando mano a la espada, le abrió la cabeza casi en dos partes,diciéndole:

-Desta manera castigo yo a los deslenguados y atrevidos.

Pasmáronse todos, y ninguno le osó decir palabra: tanta era la obedienciaque le tenían.

Apartóse Roque a una parte y escribió una carta a un su amigo, a Barcelona,dándole aviso como estaba consigo el famoso don Quijote de la Mancha, aquelcaballero andante de quien tantas cosas se decían; y que le hacía saber queera el más gracioso y el más entendido hombre del mundo, y que de allí acuatro días, que era el de San Juan Bautista, se le pondría en mitad de laplaya de la ciudad, armado de todas sus armas, sobre Rocinante, su caballo,y a su escudero Sancho sobre un asno, y que diese noticia desto a susamigos los Niarros, para que con él se solazasen; que él quisiera quecarecieran deste gusto los Cadells, sus contrarios, pero que esto eraimposible, a causa que las locuras y discreciones de don Quijote y losdonaires de su escudero Sancho Panza no podían dejar de dar gusto general atodo el mundo. Despachó estas cartas con uno de sus escuderos, que, mudandoel traje de bandolero en el de un labrador, entró en Barcelona y la dio aquien iba.