domingo, 19 de febrero de 2012

La Moritz 26 años después

Existen marcas de gran éxito: Coca-Cola, Nestlé…Otras funcionan -mejor o peor- pero perviven. Y unas terceras mueren. Pero el caso de las triunfadoras que desaparecen y luego resucitan es raro. Moritz es una. Fue la cerveza más vendida en Catalunya, pero cerró sus puertas en 1978 y fue olvidada hasta que, de repente, reapareció en el 2004. Y ahora acaba de abrir un nuevo complejo hostelero que aspira a ser emblemático, Fábrica Mortiz, en la ronda de San Antoni, en uno de sus históricos centros que ha sido rediseñado por Jean Nouvel, el arquitecto de la torre Agbar.

BRINDIS 3 Albert Castellón (centro), el arquitecto Jean Nouvel y el chef Jordi Vila (derecha) en la inauguración de Fábrica Moritz, en noviembre. ARCHIVO / DANNY CAMINAL Edición Impresa Versión en .PDF Información publicada en la página 44 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 19 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
¿Por qué murió y por qué resurge Moritz, la cervecera creada por un alsaciano que en 1851, a los 21 años, vino a Barcelona y en 1856 empezó a producir en el Raval? Una anécdota de su director general, Albert Castellón (38 años), lo ilustra. En el 2002 era un ejecutivo de la división hostelera de Unilever en Bilbao. Fue contactado por un cazatalentos que, cosa rara, no era Luis Conde. Una nueva marca de alimentación buscaba alguien de su perfil. Castellón fue a la cita con los Roehrick (los tataranietos de Louis Moritz) y salió algo confundido. El proyecto era sugestivo pero Moritz le sonaba a chino y reflotar una cervecera familiar en un sector dominado por las multinacionales… Por la noche llamó a su padre por un asunto familiar y le comentó:

-Estoy perplejo. Me ofrecen un trabajo en Barcelona. Es atractivo pero la empresa cerró. Puede ser una aventura nostálgica.

-Hijo, de la nostalgia no se vive.

-Tienes razón. Es una antigua cervecera… se llamaba Moritz.

-¡La Moritz! Buenísima. ¿La van a volver a hacer? Piénsatelo, seguro que es interesante.

Y Albert Castellón fichó. Moritz es hoy propiedad de los descendientes del fundador (los tataranietos y sus hijos), la familia Roehrick, muy discreta y que no está en el día a día pero que quiere reivindicar le obra -y los resultados- de su antecesor.

Cuando Louis Moritz llegó a Barcelona la ciudad crecía gracias a la industrialización y a que las fábricas necesitaban mano de obra. Se generaba riqueza. El Liceu se había inau-

gurado cuatro años antes, se quemó en 1861 y fue reconstruido en menos de un año. En este entorno, Moritz empezó su actividad y creció. En 1864 dejó el Raval y montó una nueva fábrica en la calle de Casanova, 2, junto a Sepúlveda. Unos años más tarde (1888) Barcelona celebraba su Exposición Universal y Moritz era ya la gran cervecera catalana en dura competición con Damm, fundada también por otro inmigrante alsaciano que llegó a Barcelona poco después.

Los hijos de Louis Moritz siguieron el negocio. En 1923 introdujeron la cerveza negra en Catalunya y ya antes la cervecería Moritz (Muntaner-Sepúlveda) se convirtió en un local emblemático, donde el Barça tuvo su sede social y en 1910 Juan Gamper -otro europeo venido a la ciudad- fue elegido presidente del club por segunda vez.

Moritz, como otras empresas, triunfó autoalimentada por el crecimiento de la ciudad y en los años 30 logró récords de producción y ventas. Tenía el 34% del mercado catalán. Llegó la guerra civil, la expropiación y, más tarde, un lento resurgir pues el nivel de ventas no se recuperó hasta 1947. Durante los 50 y los 60 Moritz vivió años de expansión porque el consumo iba subiendo. Y el crecimiento es tan fuerte que compró terrenos en El Prat porque Casanova (hoy viviendas) era insuficiente. Pero la idea se abandona tras las inundaciones del 62 y las expropiaciones para canalizar el río Llobregat.

Por eso en 1966 Moritz se fusiona con la cervecera belga Lamot, que había montado una gran planta en Parets, y crean Cervezas Barcelona. Moritz tiene mayoría pero acabará vendiendo su participación a Banca Catalana en el 75. ¿Qué ocurrió? La Lamot llegó a Barcelona de la mano de Josep Andreu Abelló, que fue presidente del Tribunal de Casació de Catalunya, se exiló tras la guerra (era de ERC y luego fue fundador del PSC-Congrés) y regresó a Barcelona con un capital hecho como director en Tánger de un banco francés. Y el socio financiero de Lamot -Andreu era consejero- fue Banca Catalana. Las cosas fueron bien porque el mercado crecía con el desarrollo y el turismo, pero la Lamot acabó marchando. Su producto no tenía acogida y hubo fricciones con la banca. Luego vino la crisis del 73, la bajada del consumo y los Roehrick vendieron. En 1978, antes de la crisis de Banca Catalana, la empresa Cervezas de Barcelona cerró.

Subasta de liquidación

Los Roehrick fueron a la subasta de liquidación. Querían poseer la marca para resucitarla. Y lo hicieron 26 años después. En el 2004 Moritz vuelve a fabricar cerveza con el objetivo de colocarla en una escogida gama media-alta. Tras un acuerdo con Vichy Catalán la producción se hace con agua del Montseny y con lúpulo de Chequia en la planta de La Zaragozana, una firma aragonesa que data de 1922 y que también es propiedad de la familia. En el 2007 sacan al mercado el Agua de Moritz, cerveza premium sin alcohol que representa un 10% de sus ventas, y en el 2009 recuperan la tostada Epidor, con un grado superior de alcohol (7,2%), que empezó a producir en 1923.

El año pasado Moritz facturó 37 millones con un ligero aumento pese a la crisis generalizada. Tiene una cuota del 5% del mercado catalán y no entra en el español pero exporta con éxito a 17 países, uniendo su marca a la moda Barcelona. Moritz, aparte de sus inversiones materiales, apuesta fuerte por la comunicación y el diseño, que es de América Sánchez.

Y confía en el boca a boca. En el 2009 recuperó el histórico bar Velódromo (Diagonal-Londres) que ha convertido en una brasserie y a finales del pasado año abrió el multiespacio Fábrica Moritz en la ronda de San Antoni con una fuerte inversión para recuperar antiguas instalaciones. Cuida la gastronomía, encargada al chef Santi Vila (una estrella Michelin), y abre de seis de la mañana a tres de la madrugada.

Es una apuesta a seguir. Resucitar una marca no es fácil y además pretender reimplantar una cerveza tradicional desaparecida con capacidad expansiva -que vaya mas allá de la pequeña fabricación artesanal- en un mercado dominado por las multinacionales.

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